La escuela secundaria parecía una falta de definición,
Yo no tenía mucho interés en los deportes o las elecciones escolares.
Y en la clase soñaba todo el día, "qué tal un rock 'n roll el fin de semana"
Es por él que ya no me gustan las canciones antiguas ni las gafas grandes. Es por él que ya no me acuesto tan tarde, esperando en frente de la pantalla del móvil y es él la razón por la cual, los días me parecen más largos.
Es por él que ya no me gustan los starbuks ni me quedo a observar las estrellas por la noche. Es por él, que ya no escucho canciones, porque cada una de ellas me recuerda a sus ojos. Es por él, que hace mucho tiempo olvidé lo que significa AMAR.
Es por él, que olvidé como sabe un beso o como se siente una caricia. Es por él que las historias de Disney, ahora me parecen demasiado irreales y ficticias.
Es por él que ya comprendí que significa tener el corazón roto.
Y gracias a su ausencia comprendí que mi futuro no merece la pena si no es con él.
¿Quien canta para ti, desde que no estoy?
¿Con quien bebes tequila, cuando no te sientes bien?
¿Quien te dice al oído, "quédate"?
¿Con quien compartes ese calendario de la pared?
¿Quien te espera al salir cuando dan las diez?
¿Quien se ríe contigo delante de un café?
¿Con quien escucharas esa canción?
¿Quien es el encargado de amueblarte el corazón?

¿Quien te enseña París, Venecia, Nueva York?
¿Quien te arranca la ropa dentro de ese ascensor?
¿Con quien subes la cuesta de cada fin de mes?
¿Quien hace lo que hice yo pero al revés?
¿Quien tiembla cuando lloras?
¿Quien te recuerda que no estas sola?
¿Quién es tu nuevo vicio?
¿Quien te a salvado de mis precipicios?

Alguien se ríe ahí fuera,
hay ruido de pisadas cerca de mi habitación,
estoy en las afueras de una ciudad cualquiera
dando vueltas a un colchón.
Botellas por el suelo nos sirven de consuelo
y tras la cortina el sol.
Es hora de largarse,
última llamada urgente desde recepción.

Heridas del rock'n roll.


Herida del rock'n roll de Rulo y la Contrabanda

Es duro decir que lo siento y que haré que todo esté bien,
todas esas cosas que he hecho, 
en qué me he convertido ahora y dónde me equivoqué. 
No quería herirte, sólo ponerte en primer lugar, 
no te diré mentiras, 
permaneceré culpable con mi mano en el corazón.
Sólo intento decir: 
lo siento, es todo lo que puedo decir 
significas tanto, y arreglaría todo lo que he hecho 
si pudiera empezar de nuevo 
tiraría todo a las sombras del remordimiento 
y tú tendrías 
lo mejor de mí.


Best of me de Sum 41

Y ella lo sabía. Sabía que era completamente suyo. Sabía que él no podía apartar la vista de su cuerpo. Sabía que él la ansiaba. Sabía que él la anhelaba con cada latido de su corazón. Y esa sensación le gustaba. Le gustaba sentir el poder. Le gustaba olvidarse de él y que cuando lo necesitase, saber que él estaría a su lado. Sí, le gustaba ser cruel.
Porque ella realmente, no lo amaba.

Sólo era, como un pequeño salvavidas, por si alguna vez, su avión se estrellaba.
Muchos hombres le habían hecho daño, y por eso le gustaba, que uno, de entre un millón, le amase. Le habían dañado, gente sin nombre, y ella lo pagaba con quién menos lo merecía. Pero la vida es injusta y ella, era la que más lo sabía. Y así, le gustaba ver como él intentaba apartarla de su cabeza. Porque sabía, que para ella, él era sólo un muñeco sin nombre. Pero cada vez que lo intentaba, volvía a pasar otra con su mismo perfume. Haciéndole recordar a su enferma mente que viviría bajo aquella eterna condena siempre.
¿Por qué? ¿Quieres saber por qué?
Entra en una cabina bronceadora y fríete durante dos o tres días. Cuando las ampollas de tu piel hayan estallado y te hayas descamado, retuércete en sal gorda y después ponte ropa interior cosida con hilo de cristal y alambre de cuchillas. Vístete con tu ropa habitual, siempre y cuando te vaya estrecha.
Fuma pólvora y ve al instituto, para brincar entre aros, siéntate y suplica, cumple las órdenes. Escucha los murmullos que se cuelan en tu cabeza por la noche, llamándote fea y gorda y estúpida y puta y zorra y lo peor de todo, “una decepción”. Vomitas y te mueres de hambre y te cortas y bebes porque necesitas un anestésico y eso funciona. Durante un rato. Pero entonces el anestésico se convierte en veneno y para entonces ya es demasiado tarde porque ya estás colocada hasta el alma. Te está pudriendo por dentro pero no puedes parar.
Te miras en el espejo y sólo ves un fantasma. Oyes gritar a cada latido de tu corazón y todo-absolutamente-todo está mal.
“¿Por qué?”, no es la pregunta correcta.
Pregúntate, “¿Por qué no?”

Cuando era un chica de verdad, mi madre me alimentaba 
con sus sueños de cristal, una cucharada cada cierto tiempo. 


Frío, Laurie Halse Anderson
Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.
Encuentra una chica que lee. Sabrás que es un ávida lectora porque en su maleta llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segundo mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.
Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.
Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulíses de Joyce lo hace sólo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.
Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace. Por lo menos tiene que intentarlo.
Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo. Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.
¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.
Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.
Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype. Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.
Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si sólo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá. invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba. 

Sal con una chica que lea (Charles Warnke)

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela. Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta. 
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe. 
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato. 
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo countinuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida. 
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza. 
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. 

Te odio, de verdad te odio.

Sal con una chica que no lee (Charles Warnke)

Un años he tenido que esperar para probar al fin tus labios. Un año he tenido que esperar para sentir tus manos en mi cintura. Un año he tenido que esperar para que, por una noche, seas mio. El alcohol ayudó, no lo vamos a negar, pero eramos conscientes de lo que hicimos. Fuimos conscientes de que nos estábamos besando en el suelo, yo descalza y tu con el torso desnudo, pero por suerte o por desgracia, al día siguiente nos volvimos a tratar como extraños. Y es que, al vernos nos miramos y cuando somos conscientes de que el otro nos mira la desviamos la mirada, haciendo como que no pasó nada, evitando el tema.
"No haré nada de lo que después me pueda arrepentir" dije, y es que no me arrepiento de nada
Perdona. Olvidé que ya no me hablabas. Que mis palabras no te herían ni que mis lágrimas te ablandaban. Perdona. Pensaba que todavía recordabas el matiz de mi voz, o el tacto de mi piel. Perdona. Olvidé que me enamoraste, me destrozaste y me olvidaste. Perdona. Por creerme demasiado estúpida, como para intentar cambiarte. Demasiado romántica. Demasiado ingenua. Perdona, olvidé que ya no me querías. 

Perdona, pero si no te importo no me hables.
Y si no me vas a querer, no me enamores.

Capítulo acabado

Me gustaría saber cuentas veces has pensado en mi, si has llorado en silencio extrañándome o si te has arrepentido de todo lo que no fuimos; de todo lo que no llegamos a ser. Me encantaría saber si me echas de menos, recordando esas mariposas que sentías en el estómago al verme o esos momentos en los que no podíamos vivir el uno sin el otro. Me gustaría saber si has sentido la necesidad apremiante de verme, hablarme o de sentirme. Si alguna vez al acordarte de mi, sonreíste o si alguna noche soñaste conmigo.
Me encantaría saber si te comías la cabeza cuando ibas a escribirme algo y si alguna vez te diste cuenta de que la mayoría de mis palabras, iban por ti. Me gustaría saber que sientes cuando escuchas mi nombre en boca de otras personas. Cuando escuches que ya no me importas y que solo fuiste una pérdida de tiempo. Cuando comprendas que de tu recuerdo ya no queda nada.
Sé que todas mis preguntas nunca encontrarán su respuesta, pero me consuelo con que tú tampoco encontrarás las respuestas a las tuyas. Y mientras tanto vivo con tu ausencia; que es mejor que nada. Sabiendo que lo nuestro fue una historia breve, que el destino no quiso acabar.
No fueron más que palabras y lágrimas robadas en silencio; tan solo el final de una historia mas.

Capítulo acabado y cerrado.
Querido Shakespeare;

Dijiste que el amor no tiene fecha de caducidad, que cuando se habla de él nunca es tarde, que cuando alguien te ama hará todo lo posible por ti. Juraste que aunque las historias de amor acaben de forma trágica permanecerán siempre, que el amor lo puede todo y no entiende de barreras. Escribiste historias de amor que cruzaron países, océanos y si pudieran, cruzarían planetas. 
Nos hiciste creer que cuando el amor existe rompe murallas, que hace lo que haga falta por sobrevivir, aunque ello conlleve hacer trampas. Prometiste con tus palabras que el amor sobreviviría siglos y siglos, que el romanticismo no sería una estupidez jamás, que aquellos que se amasen lo harían hasta el final. Pensabas que el amor al igual que nos hace felices también nos hace daño y duele, que las verdaderas historias de amor no se esconden entre las líneas de Romeo & Julieta, sino que existen, que los Montescos y Capuletos de Verona no eran más que una metáfora.
¿Sabes? Creo que has influido tanto en nosotros que hemos llegado a creer que un amor tan real como el de tus historias puede existir. Nos has hecho ver que el amor por muy puro que sea también puede estar condenado. Y que para amar hay que sufrir porque el amor es un subir y bajar continuo. 
Supongo que todo aquello que escribiste era lo que pensabas, que no tenías miedo a mostrarle al mundo lo que es verdaderamente el amor. Que quien se ame haría cualquier locura, que se amaría sin importar nada más, que la vida se volvería una impredecible carrera.
Quizás la culpa la tenemos las personas fantasiosas que soñamos demasiado, quizás no solo moriste tú sino también el romanticismo y el amor verdadero, quizás es que hemos sobre valorado tus historias o quizás solo nos falte valor para seguir a nuestro corazón. 
Aunque me gustaría creer que si alguna vez tengo que luchar por amor como tuvieron que hacerlo Romeo & Julieta, podría hacerlo. Que tendría el valor suficiente para enfrentarme a lo que fuese, porque luchar nunca es fácil, ni siquiera por amor.


                                                                -Dime, querido Shakespeare, 
                                                                             ¿qué es de todo eso que dijiste ahora?

Nos quedan los recuerdos.

Hoy llevo una camiseta que solías vestir para estar en casa. Quizás el haber pasado por la lavadora ha borrado tu olor, pero yo sigo notando tu esencia en ella. En cuanto me la puse sentí que estabas conmigo, como hace tantos años...Estaba ojeando mi cuaderno, ¿y sabes qué? Encontré un pedacito de ti entre sus hojas. Encontré palabras que describían 
Las personas nunca nos abandonan, siempre nos quedan sus recuerdos...cómo te sentías, palabras que tú pronunciaste. No has muerto, nunca será así, no mientras yo conserve todo esto. Mientras sigas entre mis líneas y mi ortografía uniforme. Siempre estarás conmigo, aunque sea en recuerdos borrosos, pero estarás ahí.
Las personas se marchan, deciden irse, fallecen, desaparecen, van y vienen hasta que la vida se les escapa de las manos. Saborean cada minuto, cada sensación. Ríen, lloran, gritan. Son felices e infelices, aprenden de los golpes, se caen y se levantan, tropiezan con el mismo obstáculo una y otra vez.
Hasta que llega un día en el la vida se va del todo, corre de ellos y los deja atrás.
Es tan bonito saber que seguimos vivos, aquí, en el corazón de la gente que nos quiere. Saber que pase lo que pase siempre seremos inmortales.

Frío

Poco a poco, el frío, la lluvia y la humedad van cogiendo sitio. Las nubes llegan para hacer que el sol descanse. Los abrigos, las bufandas y los guantes van saliendo del fondo del armario para calentarnos en esas tardes de invierno en las que tienes que luchar para salir de casa. Tardes en las que acabas haciendo cola para coger un sitio en cualquier churrería mientras oyes los gritos y las quejas de gente que se ha colado y no ha esperado su turno. Narices y orejas que se sonrojan a causa del frío. Cafeterías en las que pides un chocolate caliente únicamente para calentarte las manos. Luces que iluminan la ciudad, y sensaciones que hacen que creamos que podemos ser capaces de tener todo lo que deseamos.
El invierno; La estación en la que se dan más abrazos de lo normal, estación en la que irse a la cama y taparte con el edredón es el mejor momento del día, estación en la que tienes la oportunidad de volver a ser un niño, estación en la que disfrutas al ver como sale el bao de tu boca mientras cuentas historias que terminarán quedándose en el olvido pero que habrán entretenido toda una tarde. El olor a humedad, a césped mojado, a castañas recién hechas, a regalos, a felicidad. 
Olor a invierno.

Un corazón cansado

Se tu misma aunque solo lo seas un día

Apaga el despertador, ¡apágalo! pero no te levantes. Quédate en la cama hasta que te apetezca, sueña con quien te dé la gana durante casi toda la mañana. Cuando te levantes no desayunes ninguna galleta integral, olvida esas tonterías. Desayuna un trozo de pizza, sí, eso es lo que realmente te apetece. Métete en la ducha y deja correr el agua sobre tu cuerpo. Peínate como si estuvieras loca, y vístete con tu ropa preferida. Levanta la cabeza, bien bien alta y sonríe al sol y a todo el que se te pase por delante. Haz que la gente se pregunte por qué eres feliz, haz que la vida merezca la pena. Y tarareale al mundo la canción que quieras. Vete a buscarle, vete a decirle que te gusta y a besarle. Olvídate de lo que los demás puedan pensar. Pasa el día fuera de casa. Guarda en tu memoria todas las cosas que puedas. Porque por un día, solo por un día, serás realmente quien quieres ser, harás realmente lo que quieres hacer y después volverás a tu vida, a tu rutina como si nada hubiese pasado. Solamente con recuerdos. Tus mejores recuerdos.

Rolling in the deep

Pudimos haberlo tenido todo
(Vas a desear nunca haberme conocido)
Retumbando en las profundidades de nuestras almas
(Las lágrimas caerán, moviéndose en la profundidad)
Tú tuviste mi corazón en tus manos
(Vas a desear nunca haberme conocido)
E hiciste con él lo que quisiste
(Las lágrimas descenderán, ondulando en la profundidad)
Tú pudiste tenerlo todo
Amando de corazón
(Vas a desear nunca haberme conocido)
(Las lágrimas resbalarán, vibrando en la profundidad)
Tú tuviste mi corazón entre tus manos
(Vas a desear nunca haberme conocido)
Pero jugaste con él,
Bromeaste con él,
Fingiste con él, 
Lo destrozaste.