sus manos cogiendo mi nuca, atrayéndome a él para evitar mi fuga. Mis manos acariciando tu torso desnudo, acariciando pecho. Su aroma, mmm, ese aroma a él mezclado con alguna esa colonia que tanto me gusta. Que me gusta tanto como él. Rozo mi perdición. Sus labios. Oh dios, sus carnosos labios. No los llegó a tocar pero puedo presentir que sus húmedos labios tiemblan, como los míos. Desean unirse. Deseamos ser uno solo. Hazlo ya, joder. Abro un poco más los ojos y le miro directamente a sus ojos verdes, esos malditos ojazos verdes que hacen que me sienta más pequeña junto a él. Tuerce su boca intentando disimular una vacilona sonrisa. Capullo, ¿te gusta hacerme sufrir? Me muerdo el labio sin querer. Oh dios, cuanto deseo perderme en su boca. Se acerca un poco más a mi y saca su lengua. Oh, no. No hagas eso, lo odio y lo sabes ¡no, no! Uff...Pasa su lengua por mis labios y yo resopló. Sabe que me fastidia eso pero me gusta. Me mojo los labios y absorbo su saliva. ¡Hazlo ya, cabrón! digo para mis adentros. Paso mis labios por su espalda, no está cachas pero tiene la suficiente fuerza para evitar que me aleje de él, -y para hacerme algún que otro moratón sin intención-. Beso su cuello, sé que le encanta y podría despertar a la bestia. Me encanta correr riesgos. Paso mi viperina lengua por su cuello. Dulce, salado y ácido. Tres sabores diferentes en mi lengua pero me encanta, sabe a él y, por supuesto, a su ácida colonia. Le noto estremecerse. Doy besos cortos desde el cuello hasta su oreja. Mmm, esto será divertido. Le mordisqueo la oreja mientras él me acaricia el cuello con una mano y el pelo con la otra. Me coge de los hombros y dejo de hurgar mi nariz en su cuello. Estoy frente a él de nuevo, sé lo que quiere y sé que yo también lo quiero. Se acerca a mi de nuevo y nuestros labios se tocan. Me mordisquea suavemente el labio inferior y mi respiración se altera.
Abro los ojos,
está sentado a mi lado jugueteando con el mechero.
Todo ha sido una maldita fantasía.
O eso creo.
Abro los ojos,
está sentado a mi lado jugueteando con el mechero.
Todo ha sido una maldita fantasía.
O eso creo.