Te imagino ahora,
sustituyendo mis dedos 
por 
el 
agua 
caliente 
de tu ducha. 

Sube la presión del termostato. 
Te lo mereces.
Desprecio tu persona, tus encantos,deseo que te vayas al infierno, espero que tu cama sea un invierno, que sueñes sólo duelos y quebrantos. No escondas la sonrisa entre los llantos, ahora no es momento de ser tierno, la voz me la he guardado en un cuaderno, me callo ante tus falsos desencantos. Espero que el pasado se deshaga, que aquella canción ya nunca se radie, lo nuestro es una vela que se apaga. Y toda la maldad que ahora te irradie es sólo por amor, por si te halaga. 
Te odio como nunca quise a nadie.
Ella era una chica que tenía orugas en el estómago, hasta que un día lo conoció a él y las orugas se convirtieron en mariposas. Y es que no tenéis ni idea de lo que era verle bajar por la calle al lugar dónde habían quedado y que un cosquilleo le recorriera el cuerpo conforme él se acercaba. Que todas las mariposas empezaban a revolotear inquietas y eso era felicidad. No había nadie en el mundo más feliz que ella cada vez que él la rozaba, que le sonreía o cada vez que soltaba alguna de sus tonterías para hacerla sonreír. Era como si él pudiera esconder en la medialuna de su sonrisa todo lo malo. Y allí estaban ellos, dos jóvenes amando como dos jóvenes suicidas. Pero cuando dos adolescentes se enamoran viven cada momento con una pasión desmedida, cada momento es especial, inolvidable y único. Eso le ocurrió a ellos, pero no siempre las cosas eran bonitas. Estaba claro que él cambió el mundo de la chica, y ella le cambio el mundo a él; pero eran, demasiado diferentes. Nosotras necesitamos que nos traten como a unas princesas y eso a veces a él se le olvidaba. La relación se fue agotando junto con la paciencia de ambos. Ella le quería, le quería más que a cualquier persona que se hubiera cruzado en su camino hasta entonces, y lo sabia. Nunca supieron cual fue el detonante que hizo que todo se callera, ahora ella odiaba sus bromitas, le molestaba que siempre estuviera tomándole el pelo, su sonrisa ya no tenia efecto y lo peor de todo, las mariposas poco a poco murieron. ¿Quién hará que se le ponga el bello de punta con un simple susurro?¿Dónde estaban ahora todas las canciones que significaban algo? ¿Qué pasa con todos los besos que no se llegaron a dar? ¿Quién le haría ahora sentir especial? El problema está en que a veces no es suficiente con quererse, a veces por mucho que dos personas se quieran no pueden estar juntas.



Texto de otro blogger.
Ella era toda la poesía que se escribía en Madrid.
El verso más bonito de Gran Vía.
 La boca más hermosa de Malasaña. 
Los ojos más tímidos de los cines de Callao. 
 La cabeza más heavy que había pasado por Argüelles. 
La cintura más bonita que veías por el metro. 
Las piernas más largas de la Plaza Mayor. 
La falda más corta de Montera. 
La musa que aun seguía inspirando a la estatua de Bécquer. 
El rayo de sol más brillante de una tarde de domingo en el Retiro. 
La reliquia más bonita del rastro. 
La que podía domar los leones de Cibeles. 
La quinta torre de Madrid. 
El palacio más Real de todo mi reino. 
Madrid es ella, y yo, solo una de sus calles. 
Ella es el monumento que fotografía Atocha. 
La que se manifiesta frente al Congreso. 
La decimotercera uva de la Puerta del Sol. 
El cabello más hermoso de Salamanca. 
A la que todos los hindúes regalan rosas y cervezas en La Latina. 
Los labios más rojos del Calderón. 
La más loca de toda Chueca. 
La de la carpeta rosa del Campus de la Complutense. 
El paseo más largo a través de toda Castellana. 
El culo más bonito del Retiro. 
El corazón más salvaje del Bernabéu. 
El musical más visitado de Gran Vía. 
El teatro con menos aforo de la capital. 
La mejor obra de arte del Prado. 
La que envuelve en flores a los toros en las Ventas. 
Ella es la única estrella que brilla en Madrid. 
Ella es Madrid. 
La que baila como una loca en la pista de cualquier garito de Huertas. 
La chica de Tirso, y la lady Madrid de Pereza. 
A la que no hace falta escribirle, porque es pura poesía. 
La que es capaz de enderezar las Torres Kio. 
El cubo más helado de cerveza de la Sureña de Gran Vía. 
La nariz más roja de Casa de Campo. 
Los acordes de jazz más hermosos del Café Central. 
La niña que ríe como nadie en Cortylandia. 
Los copos de nieve que los tejados echan de menos. 
La única diosa de todas las catedrales. 
A la que cantan en Libertad 8. 
El único monumento del Templo de Debod. 
La palabra más bonita del barrio de las letras.
 La única movida que existió en Madrid. 
Ella, ella, ella, ella. 
Ella es Madrid.



Texto de: Miguel Gane.