Le llamé. Tuve que hacerlo, necesitaba oír su voz, y como siempre, esperé al séptimo pitido para colgar, pero me esperé al octavo. Y al noveno. Y al décimo. Nada. Colgué. Le volví a llamar, y tardo en responder lo mismo que yo al suspirar.
-Diga -Sonreí al escuchar su voz de nuevo, se acababa de levantar, que típico de él.
-Hola, cielo -se le aceleró la respiración, lo noté, y sé que también sonrió. Sonrió por mi, de nuevo.
-¿Ocurre algo? 
-Necesitaba oírte -dije de inmediato.
Silencio. Sabía lo que estaba pensando, sabía que él también me necesitaba tanto como yo a el, sé que me quiso aunque ahora dude si lo sigue haciendo, pero estoy segura de que lo hizo, al menos, por un tiempo.
-Te quiero -sé que no le gusto, sé que se le paró el mundo. Soltó un suspiro que incluso yo sentí.
-No creo que sea lo que tengamos que decirnos ahora.
-¿Y qué tenemos que decirnos ahora? 
-Nada.
-Cuelga entonces -le reté. Estaba segura de que no lo haría y si lo hacía me iba a perder para siempre.
Colgó.
Y él me perdió,
me perdió para siempre. 
No contesté a sus llamadas y quemé sus cartas, jamás me sentí tan rota como aquella tarde, le necesitaba y él me colgó, y entonces supe que no podría confiar en él, que no sería feliz a su lado.

Carta de ''despedida''.


Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.

Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.

Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos... na'.
A lo que iba.

Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.

Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.

Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.

Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.
Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.

A partir de ahora, tú tranquilo, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.

Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonto y disimula.
Haz ver que me olvidas.
Y me acabarás olvidando.
De verdad.

El amor es una cosa divertida. Esperas que sea fácil, esperas que sea un mundo de rosas y risas, momentos perfectos como los que sólo se ven en las películas. Esperas siempre decir lo correcto, y saber siempre exactamente como te sientes, o exactamente como reaccionar ante él. Esperas que él te calme cuando gritas, te persiguen o te escapas. Esperas tanto que te sientes por completo y totalmente derrotado cuando las cosas no salen de acuerdo a los planes. Pero ese es el punto. El amor no es un plan, no tiene comienzo y ciertamente algunos no tienen fin o metas visibles para los que creen profundamente en él. El amor sólo pasa y es tan increíblemente desordenado... Las personas a tu alrededor, no pueden comprender las cosas que haces o por qué luchas tanto por algo que al parecer te causa tanto dolor; Porque sencillamente ellos no pueden ver ese anillo de locura que te encierra cuando estás enamorado. Es incómodo, doloroso y devastador a veces, pero no podemos vivir sin él. Y lo que no aprendemos es lo difícil que es amar; Cuanto trabajo se necesita, cuanto debemos poner de nosotros mismos en él. Y, tal vez sólo vale la pena cuando estamos completa y absolutamente idiotas al respecto. El amor no es que él te calme cuando gritas, es gritar tan alto, tan fuerte que puedas volar... Y al ver su cara puedas despertarte y mantenerte en la Tierra. No es que él te lleve rosas todos los días o cosas lindas que hagan que una relación parezca presentable. Es una larga lucha... que drena la vida y los huesos de los dos. Y sin embargo, se muestre en tu puerta a la mañana siguiente...No soy yo diciéndote como debes comportarte o exactamente la manera de manejarte. Eres tú acariciando mi cabello y diciéndome que todo estará bien porque tú estás conmigo, admitiendo que estás tan asustado como yo. Hay que recordar que en el amor, no eres el único implicado, sin saberlo, has puesto tu vida y tu corazón en las palmas de las manos de alguien más, arriesgándote a que lo devuelva en mil pedazos o en carne picada... O que olvide que se lo entregaste a él; Siempre y cuando esté contigo. Nos volvemos locos, la realidad se hace invisible y se borran todas las líneas que no se deben cruzar. Porque el amor no es sobre nosotros mismos en la esgrima, es una caja fuerte de sentimiento, o en el futuro. Se trata de tirar todos los nervios del cuerpo y de la misma manera no perder el impulso. Debido a que todos loscombates, todas las lágrimas y la incertidumbre de ambos valen la pena. Es un infierno mucho mejor. Es estar 100% feliz sin alguien que nos muestre que hay un mundo de diferencia entre sentirse "feliz" y sentir un sentimiento general.
Esta tarde yo he soñado contigo, en mi siesta en el sofá, en ese rato tan divino, y aunque han sido tan solo 10 minutos, que real que era todo y que bonito. Porque a penas te conozco, hace tanto que no te veo, y yo sé que es imposible lo que ni pretendo, pero hoy al abrir los ojos, recién despertado, habría dado cualquier cosa por tenerte aquí a mi lado.
He pensado en ti esta noche hasta quedarme dormido, he pensado en encontrarte para volver a estar contigo, pero hoy solo había algún difunto amigo, otra subida de hipoteca y esta peli que no olvido. Que me cuenten el secreto de este mundo surrealista, ¿y quién piensa que no es cierto que los sueños son mentira? Que me digan cómo es que te anhelo, como es que te quiero, aún sin tenerte, aún sin saber ná de tus días.
Es por eso que te sigo recordando cada vez que cierro los ojos,intentando perdurar lo que se pierde poco a poco, y me lleno de alegría si por asomo consigo revivir algún momento de esos que soñé contigo. Porque yo sé que te quise, que lo que sentí fue amor, y se que ha de llegar el día en que te cante esta canción, y será entonces cuando, vida, lo verás todo tan claro y quizás quieras susurrarme que conmigo tu has soñado.

Ese rato tan divino
El puchero del Hortelano