Todo se va perdiendo poco a poco, como un cigarro que se consume a la vez que alguien se lo fuma. Al final todo acaba en cenizas que con el tiempo se elevan, se alejan y se olvidan.
Tú y yo éramos como ese cigarro. Empezamos a fumarlo con deseo y con ansia, emocionados en el comienzo.
Luego a la mitad empezamos a atragantarnos con el humo, aunque conseguimos coger una bocanada de aire y seguir respirando.
Al final el cigarro se acabó y quise otro.

Siento un dolor en el pecho que jamás había sentido, un vacío más grande que el espacio que contiene mi corazón. 
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Duele como espinas clavándose en la piel, como si me arrancaran el corazón y se abriera cada cicatriz que tengo en él.
Porque definitivamente tú y yo componemos un corazón lleno de heridas que no hacen más que abrirse. No sé cómo podemos hacernos tanto daño y querernos tanto a la vez. Cómo dos mundos tan distintos pueden complementarse y cómo tomamos decisiones por el otro provocándonos tanto dolor. Ni siquiera sé qué mierda has visto en mí, porque lo único que te causo son heridas y más heridas. No sé cómo me aguantas ni cómo me soportas. No sé cómo me haces sentir así ni cómo me quieres. 
Haces que los días negros se vuelvan blancos, que tranquilice mis impulsos y que no lo tire todo por la borda a la primera.
Aunque eso he hecho esta vez, ¿no? Me agobié, el aire me faltó en los pulmones y quise pisar suelo firme por un momento. Pero eso me hizo tambalearme más aún, perdí la noción del Norte.

Nunca había llorado tanto escribiendo algo, confesando lo que siento. Jamás esta pasión me había causado tanto dolor. Dudo que leas esto a tiempo, que entiendas lo que siento, pero quería desahogarme sólo consiguiendo ahogarme más aún en mis lágrimas.

Dime que no está todo perdido y que no soy estúpida, porque si no me lo dices tú nadie va a poder decírmelo.
Uno fue la luna que dejaste en mi colchón, dos tus ojos. Tres de cuatro barcos naufragaron en la forma de tus modos, cinco las mañanas esperando a que volvieras del trabajo y seis canciones llevo sin dejarte de querer y aún no he acabado. Siete los hoteles que dejamos sin aliento, y menos solos, ocho vinos duelen al soñarte, equivocada en brazos de otro. Nueve teclas grises de un piano de pared desafinado, y cinco dedos con mis otros cinco te recuerdan demasiado. Con todo para ti nada a mi lado. Si quieres, te ayudo a subir bolsas del mercado. Si quieres, hacemos el verano algo mas largo. Si quieres, nos quitamos la ropa y leemos algo que la luna siempre llena de tus besos. Once taxis libres enfadados, mientras tú y yo de la mano. Doce los reclutas que pasaron por tu campo concentrado. Trece buena suerte si es que pasas sin maletas por mi barrio y puede que el catorce de febrero se nos junte con los labios. Con todo para tí nada a mi lado. Si quieres, toda canción de amor lleva tu nombre. Si quieres, decimos a Sabina que nos nombre. Si quieres, buscamos en el cielo más razones que la luna es niña que juega y se esconde.

Números cardinales.
Te imagino ahora,
sustituyendo mis dedos 
por 
el 
agua 
caliente 
de tu ducha. 

Sube la presión del termostato. 
Te lo mereces.
Desprecio tu persona, tus encantos,deseo que te vayas al infierno, espero que tu cama sea un invierno, que sueñes sólo duelos y quebrantos. No escondas la sonrisa entre los llantos, ahora no es momento de ser tierno, la voz me la he guardado en un cuaderno, me callo ante tus falsos desencantos. Espero que el pasado se deshaga, que aquella canción ya nunca se radie, lo nuestro es una vela que se apaga. Y toda la maldad que ahora te irradie es sólo por amor, por si te halaga. 
Te odio como nunca quise a nadie.