Perdona. Olvidé que ya no me hablabas. Que mis palabras no te herían ni que mis lágrimas te ablandaban. Perdona. Pensaba que todavía recordabas el matiz de mi voz, o el tacto de mi piel. Perdona. Olvidé que me enamoraste, me destrozaste y me olvidaste. Perdona. Por creerme demasiado estúpida, como para intentar cambiarte. Demasiado romántica. Demasiado ingenua. Perdona, olvidé que ya no me querías. 

Perdona, pero si no te importo no me hables.
Y si no me vas a querer, no me enamores.

Capítulo acabado

Me gustaría saber cuentas veces has pensado en mi, si has llorado en silencio extrañándome o si te has arrepentido de todo lo que no fuimos; de todo lo que no llegamos a ser. Me encantaría saber si me echas de menos, recordando esas mariposas que sentías en el estómago al verme o esos momentos en los que no podíamos vivir el uno sin el otro. Me gustaría saber si has sentido la necesidad apremiante de verme, hablarme o de sentirme. Si alguna vez al acordarte de mi, sonreíste o si alguna noche soñaste conmigo.
Me encantaría saber si te comías la cabeza cuando ibas a escribirme algo y si alguna vez te diste cuenta de que la mayoría de mis palabras, iban por ti. Me gustaría saber que sientes cuando escuchas mi nombre en boca de otras personas. Cuando escuches que ya no me importas y que solo fuiste una pérdida de tiempo. Cuando comprendas que de tu recuerdo ya no queda nada.
Sé que todas mis preguntas nunca encontrarán su respuesta, pero me consuelo con que tú tampoco encontrarás las respuestas a las tuyas. Y mientras tanto vivo con tu ausencia; que es mejor que nada. Sabiendo que lo nuestro fue una historia breve, que el destino no quiso acabar.
No fueron más que palabras y lágrimas robadas en silencio; tan solo el final de una historia mas.

Capítulo acabado y cerrado.
Querido Shakespeare;

Dijiste que el amor no tiene fecha de caducidad, que cuando se habla de él nunca es tarde, que cuando alguien te ama hará todo lo posible por ti. Juraste que aunque las historias de amor acaben de forma trágica permanecerán siempre, que el amor lo puede todo y no entiende de barreras. Escribiste historias de amor que cruzaron países, océanos y si pudieran, cruzarían planetas. 
Nos hiciste creer que cuando el amor existe rompe murallas, que hace lo que haga falta por sobrevivir, aunque ello conlleve hacer trampas. Prometiste con tus palabras que el amor sobreviviría siglos y siglos, que el romanticismo no sería una estupidez jamás, que aquellos que se amasen lo harían hasta el final. Pensabas que el amor al igual que nos hace felices también nos hace daño y duele, que las verdaderas historias de amor no se esconden entre las líneas de Romeo & Julieta, sino que existen, que los Montescos y Capuletos de Verona no eran más que una metáfora.
¿Sabes? Creo que has influido tanto en nosotros que hemos llegado a creer que un amor tan real como el de tus historias puede existir. Nos has hecho ver que el amor por muy puro que sea también puede estar condenado. Y que para amar hay que sufrir porque el amor es un subir y bajar continuo. 
Supongo que todo aquello que escribiste era lo que pensabas, que no tenías miedo a mostrarle al mundo lo que es verdaderamente el amor. Que quien se ame haría cualquier locura, que se amaría sin importar nada más, que la vida se volvería una impredecible carrera.
Quizás la culpa la tenemos las personas fantasiosas que soñamos demasiado, quizás no solo moriste tú sino también el romanticismo y el amor verdadero, quizás es que hemos sobre valorado tus historias o quizás solo nos falte valor para seguir a nuestro corazón. 
Aunque me gustaría creer que si alguna vez tengo que luchar por amor como tuvieron que hacerlo Romeo & Julieta, podría hacerlo. Que tendría el valor suficiente para enfrentarme a lo que fuese, porque luchar nunca es fácil, ni siquiera por amor.


                                                                -Dime, querido Shakespeare, 
                                                                             ¿qué es de todo eso que dijiste ahora?

Nos quedan los recuerdos.

Hoy llevo una camiseta que solías vestir para estar en casa. Quizás el haber pasado por la lavadora ha borrado tu olor, pero yo sigo notando tu esencia en ella. En cuanto me la puse sentí que estabas conmigo, como hace tantos años...Estaba ojeando mi cuaderno, ¿y sabes qué? Encontré un pedacito de ti entre sus hojas. Encontré palabras que describían 
Las personas nunca nos abandonan, siempre nos quedan sus recuerdos...cómo te sentías, palabras que tú pronunciaste. No has muerto, nunca será así, no mientras yo conserve todo esto. Mientras sigas entre mis líneas y mi ortografía uniforme. Siempre estarás conmigo, aunque sea en recuerdos borrosos, pero estarás ahí.
Las personas se marchan, deciden irse, fallecen, desaparecen, van y vienen hasta que la vida se les escapa de las manos. Saborean cada minuto, cada sensación. Ríen, lloran, gritan. Son felices e infelices, aprenden de los golpes, se caen y se levantan, tropiezan con el mismo obstáculo una y otra vez.
Hasta que llega un día en el la vida se va del todo, corre de ellos y los deja atrás.
Es tan bonito saber que seguimos vivos, aquí, en el corazón de la gente que nos quiere. Saber que pase lo que pase siempre seremos inmortales.