no la hagas caer, no de nuevo. Mira, que la niña es frágil o tonta, si así le quieres llamar entre nosotros. Se ilusiona, se aprisiona y se dedica. Se despierta, se prepara un té con tan solo tu sudadera holgada y te piensa. Te piensa y se alienta. Sus latidos baten récords que aún ni siquiera están establecidos. Y entonces, te imagina. Te imagina de cada cabello a cada pigmento y cada brazo bajo su esqueleto. Te imagina y, en su mente, te acaricia; te acaricia ese cabello del que quisiera rodearse las manos. La chica es frágil, es débil. La has dejado herida y sin ánimos de levantarse.
Ella te quiere. Ella te piensa. Ella te siente. Ella te echa de menos y, ante el más mínimo meneo, también se te echará encima.
No la hagas caer otra vez.
No ahora que apenas, ni siquiera, ha sostenido la suficiente fuerza para levantarse.