«seguramente, me equivoqué. Aquel día que te insistí para que vinieras. O aquel otro que te pregunté si todavía me querías. O cuando en aquella habitación de hotel te lloré hasta la puerta y te supliqué que no te fueras.
Seguramente, me he equivocado muchas veces. Por no creerme tus palabras en tantas ocasiones, esas que decían que éramos un “sí, pero no”. Me equivoqué por pensar que sentías lo mismo y no podrías resistirte a mí, del mismo modo en que yo no lograba escaparme de ti.
Seguramente, lo hice mal al soltarme de tus brazos cuando todavía estaba enamorada. Y seguí equivocándome al hacerme la dura contigo, al intentar obviarte y también cuando las fuerzas fallaban y buscaba tu consuelo. Y erraba, una y otra vez, al esperar que de tu boca salieran palabras que tú, a esas alturas, ya no ibas a repetir.
Seguramente, me equivoqué tantas veces que me acostumbré al error. A la miopía. A mi defecto óptico que solo me dejaba mirar desde este lado porque creía que mi lado era el tuyo, que los dos estábamos en la misma orilla. Pero allí estaba yo sola y entonces me aferré a tu recuerdo. Y de nuevo me equivoqué.
Seguramente, -y pese a que fui yo quien te empujó- siempre confié en que volverías. Creí que vendrías a recoger todos los besos que tenía para ti guardados y que me entregarías los abrazos que habías dejado olvidados en tu cajón. Pensé que querrías verme cada noche al cerrar los ojos y también ser lo primero que mirases al despertar. Sentirnos respirar mientras dormíamos. Eso soñaba.
Seguramente, fuiste tú quien me despertó de aquel sueño. Es posible que hicieras lo correcto. Tu “no” trajo el “sí” a tu libertad y el “quizá” a mi vida. Y, una vez más, me equivoqué al no querer creerte. Y alargué tanto ese “quizá” que ya apenas quedaba rastro de la duda, pero me aferré a ella igualmente.»
Ella es la única capaz de enamorar a alguien un lunes por la mañana. Ella es la que pasa por delante de ti y es imposible no mirarle el culo, una de esas que vive con su gato y tiene la nevera llena de cerveza; la que siempre pierde uno de sus guantes en invierno, la que mata a los cigarros, la que juró una vez, que jamás se enamoraría de un poeta. Ella es la que enamora al silencio de una calle vacía, en cualquier madrugada, solamente con el ruido de sus tacones; y es la única capaz de calentar enero si se muerde el labio inferior. Es la que siempre se enamora del más cabrón de todos, y son suyos aquellos ojos de gata que han enamorado a la luna.
Y es que malditos seais los fantasmas juagais con ventaja doleis de verdad aunque luego os vistais de mentira por eso los pueda tratar

que no siento, que no vivo. Que solo lloro y sobrevivo pensando en que quizás algún día volvamos a encontrarnos y él me siga queriendo aún sabiendo muy en el fondo que si nos volvemos a ver; él ya será feliz sin mi. Es fácil, ya lo está siendo y yo por dentro siento que voy muriendo.

Me gusta de ti,esa manera natural
de desnudarte.
De quedarte contigo,
sin otra ropa que tu piel
y tu deseo.
Hoy llevo una camiseta que solías vestir para estar en casa. Quizás el haber pasado por la lavadora ha borrado tu olor, pero yo sigo notando tu esencia en ella. En cuanto me la puse sentí que estabas conmigo, como hace tantos años... 
Estaba ojeando mi diario, ¿y sabes qué? Encontré un pedacito de ti entre sus hojas. Encontré palabras que describían cómo te sentías, palabras que tú pronunciaste. No has muerto, nunca será así, no mientras yo conserve todo esto. Mientras sigas entre mis líneas y mi ortografía uniforme. Siempre estarás conmigo, aunque sea en recuerdos borrosos, pero estarás ahí.

me gustas, pero no te quiero (y dudo que tu lo hagas). No hay nada, solamente somos dos personas que quieren ser felices y nos autoconvencemos de que somos algo, cuando ni siquiera somos nada. No siento absolutamente nada, no noto el típico cosquilleo en el estómago cuando me besas, no me siento especial, no me siento querida, eso sí, me siento una tia que te la pone dura cada dos por tres (y ahí empezaron mis dudas). No quiero ser "la empalmada" de alguien, no quiero sexo, no quiero empotraduras, ni siquiera quiero besos hasta la campanilla ni arañazos que marcan la espalda. Quiero sentir, quiero lo que nunca tuve, quiero desvelos, quiero risas, quiero presumir de novio, quiero imaginarme un futuro junto a alguien, quiero caricias, quiero que se ponga guapo por mi y yo por el, quiero diversión en centros comerciales y no empotraduras en ascensores que ni suben ni bajan. Quiero que me cuenten sus demonios, saber su pasado, saber cuántas veces ha follado y con cuantas ha gozado, quiero saber qué pasó y qué me distingue a mi de las demás, quiero que me quiera y no gustarle.

No eres tu, soy yo..y mis mariposas que dejaron de existir.


su corazón le suplicaba a gritos que parase 
que dejase de enamorarse 
que no se creyese sus mentiras 
pero ella no quería entender.

no hay nada más bonito que ponérsela dura a alguien


cuando dudas,
no hay amor.

La chica fénix ha tenido que resurgir tantas veces de sus cenizas que está acostumbrada a ello. Ojalá la vierais caer una y otra vez y ver cómo se levanta. Salir de cosas, situaciones y personas a las que poca gente hubiera sobrevivido. Ver cómo vuela más alto después de las mayores caídas, incluso teniendo vértigo.

La chica fénix tan solo tiene un defecto y es que es la mejor persona con la que podrías encontrarte. Está dispuesta a todo contigo y siempre va a estar ahí para salvarte, aunque tu salvación signifique heridas incurables para ella.

Así que, hazme caso, nunca dejes escapar a una chica fénix.

A veces pienso que lo que siento no es real, que solamente es una forma de querer ser feliz y me engaño a mi misma pensando que me gusta, que lo quiero, cuando ni siquiera me imagino una vida a su lado. Creo que he estado tan jodida durante tanto tiempo, que me intento autoconvencer de que siento algo, aunque sea lo más mínimo, que quiero estar con el, a pesar de que ni siquiera me haya propuesto ser su pareja. 


te prefiero mil veces entre mis brazos que entre mis piernas.
Posdata: Si acaso quisieras quedarte, nada pasaría. Una fuga de besos constante, un violin afinado en mi risa, los rosales que soñé plantarte, la vida, al fin la vida… Si quisieras quedarte seguiría gritando en la calle ¡hoy ha sido mía! Sin ser de nadie. Provocaría tu risa para así poder respirar. Dudo sin ti de la luna, de toda poesía, del paso del tiempo, el tiempo es mentira, se para en la noche a mirarte, yo lo vi vida mía. No me escuches, no te rindas. Elige un lugar en el mundo y yo te llevo de la mano. Sin la tuya solo es hueso, carne, duda, que rebusca entre tus fotos, que te escribe ya es verano, y te desviste infinita. No te salves, no hagas caso. Si pudiera escribir el final de mi vida, estarías viejita a mi lado, en el norte que tanto pedías, y una casa no muy grande, donde quepan descanso y familia. Los rosales de amor ya plantados, y decirte al oído en el último día, me has salvado.

Siento haberte dicho que te amaba aunque era cierto.

Su cara después del orgasmo,
un paisaje al que mirar eternamente. 
“Empezaré por el final:
Acabé acostándome con ella.
Se insinuaba demasiado aquella noche en una sala de conciertos
y yo sabía con certeza que no pasaría nada entre nosotros.
Mostraba sus armas.
Los colibríes que salían de su escote,
el sexo a punto de explotar de su sonrisa histérica.
Yo me dejaba halagar, claro, a quién no le gusta.
Y cada copa que bebía acortaba un poco más su falda ante mis ojos.
Subestimé, una vez más, el poder
que acumula una mujer cuando se propone algo seriamente.
El final ya lo conocéis.
Ahora os contaré el principio:
por nada del mundo
iba a acostarme
con esa mujer aquella noche.”  




Te odio como nunca quise a nadie, de Luís Ramiro