Como el Coliseo romano: De pie pero destruida.
Tan bella, tan hermosa, tan rota. Mírala, ella es el Coliseo. Por el día brilla, finge ser feliz recibiendo centenares de visitas, pero no entres en su interior, no quieras conocerla, dentro de ella tiene una batalla, no con gladiadores, sino consigo misma. Los animales salvajes han sido sustituidos por espejos, por cuchillas, por voces, por susurros. Mírala, ella es el Coliseo. Y por la noche, por la noche es cuando más belleza transmite. Sola pero rodeada de gente, la luna a veces le hace compañía. Se mantiene en pie gracias a las promesas de las parejas enamoradas. Ella una vez estuvo enamorada, y Dios, que sensación más placentera. Mírala, mira como observa a las parejas, como envidia sus besos, sus acaricias, y se llena, se mantiene, e incluso dicen que se puede oír un suspiro cuando besas a alguien dentro de ella, y es que es como si la besaras a ella, al Coliseo, se oye un suspiro de amor, de desesperación, de tristeza.